Lo que ayuda
Cuando alguien comparte algo difícil, el primer reflejo suele ser buscar una pista de acción. Es una forma de ser útil, pero también una forma de quitarte la incomodidad que crea el relato de la otra persona. Ir rápido hacia la solución puede señalar, de forma implícita: « tu dolor me incomoda, arreglémoslo ».
En la mayoría de los casos, las personas que comparten sus dificultades buscan primero sentirse oídas y comprendidas, no recibir un plan de acción. Ir demasiado rápido hacia la resolución puede incluso interrumpir el proceso de soltar que hace falta: poner palabras a lo que se vive, sacarlo fuera, tomar un poco de distancia.
Escuchar de verdad es resistir las ganas de llenar los silencios, de reformular demasiado pronto, de proponer. Es dejar que la otra persona encuentre sus propias palabras, a su ritmo, y fiarte de que esa presencia atenta tiene un valor en sí misma, independientemente de cualquier acción.
Ejemplo concreto
« Te escucho. Tómate todo el tiempo que necesites. »
Para recordar
- La reparación va después de la escucha, no antes, y a veces no hace falta en absoluto.
- El silencio de quien escucha puede ser activo, cálido, anclado: no es un vacío que haya que llenar.
Probar la próxima vez
En tu próxima conversación difícil, deja pasar diez segundos más antes de responder, y fíjate en lo que aparece.